Lugar de profundo carácter sagrado, la cripta fue elegida por San Carlos Borromeo como lugar personal de oración, al que acudía todos los miércoles y viernes por la tarde. No era raro verlo pasar noches enteras en lo que él mismo definió como "el gimnasio del Espíritu Santo", adorando el simulacro de la tumba de Cristo. Por este motivo, tras su canonización, se colocó una estatua de terracota policromada que representa al santo arrodillado ante el sarcófago. La cripta también permite al visitante entrar en contacto con uno de los testimonios más antiguos de la historia de la ciudad. El pavimento, formado por grandes losas de piedra blanca de Verona, procede en realidad del pavimento del antiguo foro romano del siglo IV, la plaza principal de la civitas romana, donde se desarrollaban las principales actividades civiles y religiosas.
Reabierta al público después de cincuenta años en 2016, la cripta fue posteriormente objeto de un complejo proyecto de restauración financiado por el MIBAC y finalizado a finales de la primavera de 2019, destinado principalmente a recuperar las superficies decoradas.
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