Huyendo de la pintura existencialista y superado el debut expresionista de los años cincuenta, entre 1964 y 1968 el lenguaje pictórico de Valerio Adami se distingue por un marcado uso de la línea de contorno, recurso típico de las obras musivas. El color, aplicado planamente y vivamente contrastado por los claros y oscuros, se convierte también en dibujo, porque - como explica el propio artista - el dibujo es el órgano genital de mi cuadro.