El relieve encontrado en Amiternum es sin duda uno de los testimonios más importantes relativos a la realización de una ceremonia funeraria. El aparato escultórico representa una escena de cortejo fúnebre organizada sobre dos registros compositivos que, en realidad, tienen como finalidad dotar de profundidad y tridimensionalidad a la representación. Los personajes presentes en la losa de piedra son numerosos, pero identificables en sus tareas: comenzando desde la izquierda, en la parte superior, son visibles las praeficae, mujeres especialmente pagadas para demostrar artísticamente el dolor, cantando canciones en honor del difunto; en el nivel inferior hay ocho hombres (lecticarii) que sostienen el ataúd, anticipados por el designador, que dirige la ceremonia; a la derecha se reconocen los flautistas (tibicines), mientras que arriba los cornicines (cornicines), precedidos por un trompetista (tubicen). En la posición central se representa al difunto, colocado sobre un lecho funerario: la posición, antinatural para un muerto, del codo doblado sobre las almohadas sugiere que fue un actor quien interpretó el papel del personaje desaparecido. Las exsequiae, es decir los honores funerarios, se realizaban originalmente por la noche, para salvaguardar la integridad de los sacerdotes o magistrados ya que la sola vista del cuerpo del difunto provocaba impurezas. El relieve puede considerarse una obra de arte popular local y es posible datarlo entre finales del siglo I a.C. y principios del siglo siguiente.